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Daily Archives: December 13, 2015

Códigos

Nuestro domicilio es más importante que nuestra herencia biológica

 

A estas alturas de la historia el destino de la humanidad se debate entre dos códigos, el genético y el postal. La estructura cromosómica del ser humano se compone de una combinación de cuatro bases bioquímicas que giran con una doble hélice para formar el edificio intrincado de la vida. El destino de la humanidad está ligado a este código según el cual genéticamente estamos hechos solo de materia y todos partimos de cero al nacer, movidos por una maquinaria celular idéntica a todas las personas, no importa el origen y la raza. Pero, sin duda, en la vida existe un elemento discriminatorio más determinante que el código genético. Se trata del código postal. Este marca definitivamente nuestro futuro. Nacer y vivir en Somalia implica un alto riesgo de morir joven, pobre y machacado por la enfermedad. Nacer y vivir en la avenida Foch de París o en el Upper East Side de Manhattan significa salud, riqueza y larga vida. Nuestro domicilio es más importante que nuestra herencia biológica. El cartero sabe adónde llevar las buenas y las malas noticias. Genéticamente Einstein apenas se distinguía de un simple ratón o incluso de la mosca del vinagre, pero la diferencia entre un escandinavo y un subsahariano es abismal, por eso si nada podemos hacer por cambiar nuestra estructura cromosómica, a la hora de adquirir un poco de felicidad todo nuestro esfuerzo suele estar dirigido a vivir en un buen código postal, que generalmente suele llevar aparejado el uso y disfrute de los derechos humanos. El terrible espectáculo de miles de emigrantes que mueren ahogados en el Mediterráneo y la angustia de los refugiados que huyen de la guerra y se estrellan contra las vallas de Europa se debe a que tratan agónicamente de alcanzar un buen código postal, porque saben de sobra que si permanecen bajo el hambre y las bombas su código genético habrá fracasado.

 Manuel Vicent

El País, 11 de octubre de 2015

http://elpais.com/elpais/2015/10/03/opinion/1443886174_898584.html

Eres todo lo que criticas

Tú no criticas a la espalda a los demás. Tú dices todo a la cara. Tú eres como eres, independientemente de quién tengas enfrente. Tú nunca te acojonas ante el poder. Tú no censuras en los demás cosas que has hecho o harás. Tú mides a todo el mundo por el mismo rasero. Tú no favoreces a tus amigos o familiares perjudicando a alguien que lo merece más. Tú no harías lo mismo que ése si estuvieras en su lugar. A ti ésa no te la colarían. Tú no tienes contradicciones, ni eres incoherente, ni traicionas lo que pensabas hace unos años, o hace unos días, u hoy. Tú no tienes un precio. Tú no mientes para beneficiarte, o ni siquiera eso: no mientes por tonterías, por mentir. Tú enjuicias por igual a todos los políticos cuando lo hacen mal, sean de tu ideología o de otra. Tú no ves el penalti diferente si lo hace tu equipo o el rival. Tú no repites errores, porque aprendes de ellos. Tú sólo ves buena tele, escuchas buena música y lees buena literatura, porque jamás disfrutas de lo que le gusta a esa gente inculta. Tú no te avergüenzas ni te arrepientes de nada de lo que has hecho. Tú sientes igual los muertos de Beirut que los de París, y mucho más que se muera un niño de hambre en África que que tu hijo se ponga malo. Tú sí que sabrías cómo educar a ese niño que da el coñazo en el metro.

A lo mejor no lo has pensado nunca, pero eres casi todo eso que criticas. Hazme caso. Rajas de los demás, no valoras (por suerte) a todos por el mismo rasero, te venderías si se dieran las circunstancias, eres tendencioso, injusto, has enchufado a alguien que no lo merecía, a veces disfrutas con lo que consideras basura, los muertos te duelen menos cuanto más lejos estén, y sí, ahora no tienes hijos y crees que los de los demás son así porque están mal educados, pero ya te darás cuenta de que tú no lo vas a hacer mucho mejor. De hecho, posiblemente, ahí te darás cuenta de todo: habrás criticado tanto lo que otros hacían con sus hijos que, cuando te descubras haciéndolo tú, entenderás lo humano que es tanto juzgarlo como hacerlo mal con los críos. Seguro que ya te has dado cuenta de lo gilipollas e injusto que fuiste con tus padres cuando eras un adolescente. Pues esto será peor.

Evidentemente, no eres todas esas cosas terribles todo el rato, pero sí alguna vez. Incluso muchas veces. Y, normalmente, cuando se lo criticas a otro, ese otro también lo está haciendo esporádicamente. Como tú. Y cuando digo tú, también me refiero a mí mismo. A todos. Madurar es asumirlo, relajarte y vivir con ello. Si no lo haces, te estarás mintiendo. Y tú nunca te mientes.

Quique Peinado.

@quiquepeinado

El Mundo, 28/11/2015.

http://www.elmundo.es/papel/firmas/2015/11/28/56583875ca4741832d8b4627.html