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Para los más pequeños

 

La característica fundamental en los entrenamientos o sesiones con niños va a depender de la edad de estos, ya que el trabajo que hacemos juntos está destinado más en la búsqueda de esos sonidos “vagos” que tardan en aparecer porque quizá su desarrollo fisiológico lleva otro ritmo al de cualquier otro niño o niña de su edad. También en muchos casos estos sonidos “vagos” no son sino por imitación de la forma en que se habla en casa con sus progenitores, profesores o adultos que le rodean.

Las voces blancas que suelen hacer referencia a las voces de los más pequeños antes de llegar a la pubertad, se denominan así por la falta de color, de calidad tímbrica ya que están en proceso de desarrollo, su laringe y sus cuerdas vocales van creciendo lentamente al igual que el resto de su cuerpo, el paso de niño  a adulto. Es por ello que los entrenamientos van enfocados a la consecución de los sonidos perezosos de los que hablamos anteriormente.

El entrenamiento y apoyo vocal para niños está basado principalmente en el juego ya que es la mejor vía de aprendizaje para ellos. Mediante sencillos ejercicios fomentando la creatividad y la parte lúdica a la que los más pequeños se entregan “en cuerpo y  alma”, se fomenta la implicación de todos los órganos imprescindibles para el hablar, la búsqueda de sonidos que harán ese refuerzo que perseguimos.

Lectura de cuentos, creación de historias propias, aventuras o cómic, sonorización de situaciones, simulación de ambientes, reproducción e imitación sonora serán el panorama de aventura dónde haremos esa inmersión para que el niño sienta la seguridad de ser él mismo el dirigente de las sesiones.

En el caso de niños extranjeros el desarrollo será muy similar pero focalizando más en la escucha por parte de este del nuevo idioma que está aprendiendo. El niño capta el oído y como no piensa, hace y consigue. La velocidad con la que aprenden los niños es fascinante e increíble. Es el juego la base del aprendizaje y la intuición en estado puro del hacer y no pensar, esa fuente infinita que ellos poseen.