Tú no criticas a la espalda a los demás. Tú dices todo a la cara. Tú eres como eres, independientemente de quién tengas enfrente. Tú nunca te acojonas ante el poder. Tú no censuras en los demás cosas que has hecho o harás. Tú mides a todo el mundo por el mismo rasero. Tú no favoreces a tus amigos o familiares perjudicando a alguien que lo merece más. Tú no harías lo mismo que ése si estuvieras en su lugar. A ti ésa no te la colarían. Tú no tienes contradicciones, ni eres incoherente, ni traicionas lo que pensabas hace unos años, o hace unos días, u hoy. Tú no tienes un precio. Tú no mientes para beneficiarte, o ni siquiera eso: no mientes por tonterías, por mentir. Tú enjuicias por igual a todos los políticos cuando lo hacen mal, sean de tu ideología o de otra. Tú no ves el penalti diferente si lo hace tu equipo o el rival. Tú no repites errores, porque aprendes de ellos. Tú sólo ves buena tele, escuchas buena música y lees buena literatura, porque jamás disfrutas de lo que le gusta a esa gente inculta. Tú no te avergüenzas ni te arrepientes de nada de lo que has hecho. Tú sientes igual los muertos de Beirut que los de París, y mucho más que se muera un niño de hambre en África que que tu hijo se ponga malo. Tú sí que sabrías cómo educar a ese niño que da el coñazo en el metro.

A lo mejor no lo has pensado nunca, pero eres casi todo eso que criticas. Hazme caso. Rajas de los demás, no valoras (por suerte) a todos por el mismo rasero, te venderías si se dieran las circunstancias, eres tendencioso, injusto, has enchufado a alguien que no lo merecía, a veces disfrutas con lo que consideras basura, los muertos te duelen menos cuanto más lejos estén, y sí, ahora no tienes hijos y crees que los de los demás son así porque están mal educados, pero ya te darás cuenta de que tú no lo vas a hacer mucho mejor. De hecho, posiblemente, ahí te darás cuenta de todo: habrás criticado tanto lo que otros hacían con sus hijos que, cuando te descubras haciéndolo tú, entenderás lo humano que es tanto juzgarlo como hacerlo mal con los críos. Seguro que ya te has dado cuenta de lo gilipollas e injusto que fuiste con tus padres cuando eras un adolescente. Pues esto será peor.

Evidentemente, no eres todas esas cosas terribles todo el rato, pero sí alguna vez. Incluso muchas veces. Y, normalmente, cuando se lo criticas a otro, ese otro también lo está haciendo esporádicamente. Como tú. Y cuando digo tú, también me refiero a mí mismo. A todos. Madurar es asumirlo, relajarte y vivir con ello. Si no lo haces, te estarás mintiendo. Y tú nunca te mientes.

Quique Peinado.

@quiquepeinado

El Mundo, 28/11/2015.

http://www.elmundo.es/papel/firmas/2015/11/28/56583875ca4741832d8b4627.html