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Tag Archives: Manuel Vicent

Delirio – Manuel Vicent

Tras la euforia que acompaña a cualquier declaración de independencia, la primera decepción aparece a la mañana siguiente.

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Sin duda fue un día histórico aquel en que este ciudadano anónimo decidió declararse independiente por su cuenta y riesgo sin esperar a que se cumpliera el programa político de su partido. No reconocía otra nación que su propia persona cuyas fronteras las constituyan el suelo que pisaban sus zapatos, el horizonte hasta donde alcanzaban sus ojos y el cielo que brillaba sobre su atormentada cabeza. Este ciudadano creía, como Unamuno, que “el nacionalismo es la chifladura de exaltados echados a perder por indigestiones de mala historia”, pero que bastaba con desearlo con toda la fuerza del espíritu y de repente uno se convertía en un ser libre e independiente como una aventura individual irrebatible. Pasado el momento de euforia que acompaña a cualquier declaración de independencia, la primera decepción la tuvo a la mañana siguiente, cuando después de una noche en que fue visitado por algunos sueños de gloria, al mirarse en el espejo del baño descubrió que seguía siendo el mismo individuo de siempre sin más atributos, ni más alto ni más guapo. Nada había cambiado. Sus pantalones estaban confeccionados en China, el café del desayuno era colombiano, la mantequilla era francesa, el coche que conducía era alemán, la fábrica donde trabajaba era japonesa y el jefe que le mandaba era danés. En general todo lo que comía y bebía cada día este ciudadano independiente, las series de televisión que veía, la música que oía o bailaba, los medicamentos que tomaba, el móvil que lo unía al mundo tenían origen fuera de país que habitaba. Tanto su cuerpo como su alma, que eran su única nación, estaban atrapados en poder de otros, pero él siguió en su delirio, pese a que solo eran suyos, absolutamente suyos, los cuatro metros cuadrados de su amada tierra que necesitaba para llevarse consigo a la fosa sus sueños de gloria.

Manuel Vicent, 12 de noviembre de 2017.

https://elpais.com/elpais/2017/11/10/opinion/1510327481_857155.html

He seleccionado unas definiciones del texto según la Real Academia de la lengua Española.

- Delirio
(Del lat  delirium)
1. masc. acción y efecto de delirar.
2. m. despropósito y disparate.
3. m. Psicolg y Psiquia. Confusión mental caracterizada por alucinaciones, reiteración de pensamientos absurdos e incoherencia.

4. con delirio. Loc. adv. mucho, enormemente.

(English: delirium, ravings, wild dream, crazy ideas, madly)
(Deutsch. der Whan, das Delirium, die Wahnvorstellung, wie verrückt)

 

- Estar al día = estar al corriente de algo  

1. Loc. verbal. Estar enterado de algo.
Ej: Estoy al día de las últimas noticias.
2. Loc. Verbal. Sin atraso, con exactitud.
Ej: Estoy al corriente con mis pagos.
(Eng. be inform, be up-to-date)
(Dt. auf den Laufenden sein)

 

Atributo
(Del lat. attributūm.)

1. m. Cada una de las propiedades y cualidades de un ser.

Ej: Un individuo sin más atributos, ni más alto ni más guapo.
2. m. En obras artísticas, símbolo que denota el carácter y representación de las figuras que los exihiben.
3. m. Gramática. Función que desempeña el adjetivo en un sintagma nominal.

Martin está contento. Contento es el atributo.

(Eng: attribute, characteristic, symbol)
(Dt. das Attribut)

EL VIENTO – Manuel Vicent

 ¿Cuándo aceptaremos que ningún armamento es inocente y somos nosotros los que bombardeamos hospitales, familias, niños en Alepo?

 

Las banderas tibetanas de oración son unas telas de colores engarzadas a una soga o a un mástil que flamean constantemente al viento desde los tejados de casas, las cimas de los montes y explanadas de los templos. En esas telas los budistas depositan toda clase de sueños, promesas y preguntas en forma de plegarias, que el viento se encarga de expandir por el espacio hasta regiones ignotas donde habitan las fuerzas misteriosas que han sido invocadas. Paz, fortuna, salud, belleza, armonía son las constantes del corazón de los mortales. Después, el viento, cuando cambia de dirección, devuelve las plegarias, unas veces atendidas, otras desechadas, como respuestas del destino. Las banderas tibetanas de oración están ya penetrando en nuestra cultura. Comienzan a verse flamear en el aire contaminado de nuestras ciudades y, aunque el viento aquí no sea tan puro como el de las altas montañas del Tíbet, puede llevarse también nuestros sueños, plegarias y estas preguntas hasta el pie de nuestros dioses. ¿Cuándo aceptaremos que la máxima corrupción consiste en haber votado y en seguir votando, pese a todo, a los políticos corruptos? La respuesta la traerá el viento. ¿Cuándo aceptaremos que somos nosotros los que nos ahogamos en el mar frente a las costas de Europa junto con los inmigrantes desesperados? La respuesta la traerá el viento. ¿Cuándo aceptaremos que ningún armamento es inocente y somos nosotros los que bombardeamos hospitales, familias, niños en Alepo? La respuesta la traerá el viento. Las banderas de oración se llevan con el viento nuestros sueños de armonía y fortuna sobre la ponzoña de la corrupción, sobre la sangre de la guerra, sobre todos los náufragos que ya forman parte del paisaje de nuestra cultura. La respuesta, amigos, como canta Bob Dylan, está flotando en el viento, pero no por eso dejamos de ser culpables.

Manuel Vicent, 9 de octubre de 2016

http://elpais.com/elpais/2016/10/08/opinion/1475938543_289739.html

He seleccionado unas definiciones del texto según la Real Academia de la lengua Española.

- Engarzar 
(Del art. clás.  ḡarzah / clavazón)
1. Trans. Trabar algo formando cadena.
2. Rizar. Formar rizos en el pelo..
(English. link together, set, mount)
(Deutsch. verketten, aufreihen, kräuseln)

- Ignota / o
(Del lat   ignōtus ‘desconocido’)
1. Adj. No conocido ni descubierto.
( Eng. unknown, little known)
(Dt. unbekannt)

- Desechar
(Del lat  desiectāre)
1. Tr. Excluir, reprobar.
2. Tr. Desestimar, menospreciar,  hacer poco caso o aprecio)
3. Tr. No admitir algo.
(Eng: get rid of, throw away, discard, reject)
(Dt. entsorgen, ausschließen, verwerfen)

- Ponzoña
(Del ant. ponzón del Lat. potio, -ōnis ‘bebida venenosa’)
1. f. Sustancia que tiene en sí nociones destructivas para la salud, o nocivas para la vida.
3. f. Doctrina o práctica nociva para la vida.
(Eng: poison, venom)
(Dt. das Gift) Este es un falso amigo.

 

 

 

Yo, a lo mío.

Los millones de refugiados, la inestabilidad moral, económica y política que se ha instalado como forma sustancial de nuestra vida hace que incluso entre gente de derechas se oiga la consigna: yo, a lo mío.

 

¿Sabes lo que te digo? Que a partir de ahora yo, a lo mío, esta es la fórmula de salvación casera que empieza a expandirse entre muchos ciudadanos desmoralizados. El resultado de las elecciones generales ha proporcionado material suficiente a las formaciones de izquierdas para alimentar su pesimismo antropológico y ha exacerbado aún más su afán autodestructivo. Los jóvenes radicales esperaban que las urnas iban a revalidar su entusiasmo feliz. Creían que unos líderes carismáticos estaban listos para acabar con la pocilga de la corrupción del Partido Popular y relevar a la vieja política anquilosada. Ante la gresca interna que ha generado la evidente e inexplicable derrota de sus vanos sueños, muchos de sus seguidores han iniciado la retirada a los cuarteles de invierno. A partir de ahora yo, a lo mío, dicen. Los simpatizantes socialistas que hicieron de tripas corazón para seguir votando al partido, comprueban ahora que en su seno han vuelto las luchas fratricidas contra su líder, pese a haber logrado salvar los peores vaticinios. ¿Sabes lo que te digo? Que a partir de ahora yo, a lo mío, repiten ya hartos muchos militantes. El descalabro de la Bolsa, los augurios siniestros de los apocalípticos sobre el futuro de Europa, los atentados terroristas, los millones de refugiados, la inestabilidad moral, económica y política que se ha instalado como forma sustancial de nuestra vida hace que incluso entre gente de derechas se oiga la consigna: yo, a lo mío. En efecto, frente a cualquier desastre planetario siempre hay un remedio casero, una forma de salvación personal. En el fondo lo mío consiste en recuperar la individualidad. No se trata de ninguna renuncia o fuga por la puerta de atrás, sino de ponerse a cubierto para que nadie destruya lo más limpio y firme que a uno le queda para sobrevivir con cierta dignidad.

Manuel Vicent, 3 de julio de 2016.

http://elpais.com/elpais/2016/07/01/opinion/1467364563_428005.html

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Códigos

Nuestro domicilio es más importante que nuestra herencia biológica

 

A estas alturas de la historia el destino de la humanidad se debate entre dos códigos, el genético y el postal. La estructura cromosómica del ser humano se compone de una combinación de cuatro bases bioquímicas que giran con una doble hélice para formar el edificio intrincado de la vida. El destino de la humanidad está ligado a este código según el cual genéticamente estamos hechos solo de materia y todos partimos de cero al nacer, movidos por una maquinaria celular idéntica a todas las personas, no importa el origen y la raza. Pero, sin duda, en la vida existe un elemento discriminatorio más determinante que el código genético. Se trata del código postal. Este marca definitivamente nuestro futuro. Nacer y vivir en Somalia implica un alto riesgo de morir joven, pobre y machacado por la enfermedad. Nacer y vivir en la avenida Foch de París o en el Upper East Side de Manhattan significa salud, riqueza y larga vida. Nuestro domicilio es más importante que nuestra herencia biológica. El cartero sabe adónde llevar las buenas y las malas noticias. Genéticamente Einstein apenas se distinguía de un simple ratón o incluso de la mosca del vinagre, pero la diferencia entre un escandinavo y un subsahariano es abismal, por eso si nada podemos hacer por cambiar nuestra estructura cromosómica, a la hora de adquirir un poco de felicidad todo nuestro esfuerzo suele estar dirigido a vivir en un buen código postal, que generalmente suele llevar aparejado el uso y disfrute de los derechos humanos. El terrible espectáculo de miles de emigrantes que mueren ahogados en el Mediterráneo y la angustia de los refugiados que huyen de la guerra y se estrellan contra las vallas de Europa se debe a que tratan agónicamente de alcanzar un buen código postal, porque saben de sobra que si permanecen bajo el hambre y las bombas su código genético habrá fracasado.

 Manuel Vicent

El País, 11 de octubre de 2015

http://elpais.com/elpais/2015/10/03/opinion/1443886174_898584.html

Mañana


 

Hay épocas en que se produce una explosión juvenil que muchos confunden con una revolución política, pero se trata solo de la ruptura estética de una generación, que se niega a ser como sus padres e impone en sociedad sus propios ritos.

En nuestra reciente historia se han dado tres asaltos de esta clase. Mayo del 68 en París fue una llamarada de rebeldía que tuvo una réplica amortiguada en la universidad española. Era aquel tiempo en que en nuestro país los estudiantes comenzaron a soñar con la libertad corriendo delante de los guardias. De aquellos sueños derivó nuestra democracia. Años después, una nueva generación se presentó a sí misma en sociedad a caballo de los socialistas llegados al poder en octubre de 1982 y aquellos jóvenes comenzaron a cabalgar muy por encima del Gobierno. La ruptura no se produjo en la política, sino en la calle, en las aulas, en los estadios, en las discotecas, en las formas de vivir, de amar, de viajar, de vestir, de hablar. Un nuevo relevo generacional se está produciendo ahora mismo en nuestra sociedad. Los jóvenes que anidaron en la Puerta del Sol un 15 de mayo están dispuestos a acampar en las instituciones del Estado. Tampoco traen una revolución política, sino un ideal de limpieza y de moralidad pública, pero en este sentido hay que saber quién es joven y quién es viejo en esta batalla.

Aunque tengas 30 años serás un viejo si bajas los brazos frente a cualquier adversidad; en cambio uno es joven a cualquier edad si tiene un proyecto por pequeño que sea. Basta con que crea que es interesante levantarse de la cama porque espera que ese día va a suceder algo agradable. No es necesario cantar bajo la ducha ni realizar estiramientos y abdominales. La juventud es un modo de ser, una forma de estar en el mundo. Bienvenido al nuevo horizonte, que sin duda puede abrirse mañana.

 

Manuel Vicent.

El País. 24 de abril de 2015.

Tesoro

Está amaneciendo. Es la hora de los pájaros. A los colegios e institutos llegan en bandadas niños y chavales cargados con sus mochilas. Ellos no lo saben, pero todos se dirigen a la isla del tesoro. Puede que ignoren dónde está ese mar y en qué consiste la travesía y qué clase de cofre repleto de monedas de oro les espera realmente. El patio del colegio se transforma, de repente, en un ruidoso embarcadero. Desde ese muelle lleno de mochilas cada alumno abordará su aula respectiva, que, si bien no lo parece, se trata de una nave lista para zarpar cada mañana. En el aula hay una pizarra encerada donde el profesor, que es el timonel de esta aventura, trazará todos los días el mapa de esa isla de la fortuna. Ciencias, matemáticas, historia, lengua, geografía: cada asignatura tiene un rumbo distinto y cada rumbo un enigma que habrá que descifrar. La travesía va a ser larga, azarosa, llena de escollos. Muchos de estos niños y chavales tripulantes nunca avistarán las palmeras, unos por escasez de medios, otros por falta de esfuerzo o mala suerte, pero nadie les puede negar el derecho a arribar felizmente a la isla que señalaron los mapas como final de la travesía. Ese mar está infestado de piratas, que tienen su santuario en la caverna del Gobierno. Todas las medidas que un Gobierno adopte contra el derecho de los estudiantes a realizar sus sueños, recortes en la educación, privilegios de clase, fanatismo religioso, serán equivalentes a las acciones brutales de aquellos corsarios que asaltaban las rutas de los navegantes intrépidos, los expoliaban y luego los arrojaban al mar. De aquellos pequeños expedicionarios que embarcaron hacia la isla del tesoro solo los más afortunados llegarán a buen término. Algunos soñarán con cambiar el mundo, otros se conformarán con llevar una vida a ras de la existencia. Cuando recién desembarcados pregunten dónde se halla el cofre del tesoro, el timonel les dirá: estaba ya en la mochila que cargabais al llegar por primera vez al colegio. El tesoro es todo lo que habéis aprendido, los libros que habéis leído, la cultura que hayáis adquirido. Ese tesoro, que lleváis con vosotros, no será detectado por ningún escáner, cruzará libremente todas las aduanas y fronteras, y tampoco ningún pirata os lo podrá nunca arrebatar.

Manuel Vicent. El País, 13 de octubre 2013.

http://elpais.com/elpais/2013/10/12/opinion/1381602696_561274.html